jueves, 11 de agosto de 2016

La Santa Cueva, un ejemplo de mentalidad masónica.

Cuando uno desea entrar en la Masonería, antes de su iniciación deberá esperar un largo tiempo en la llamada Cámara de Reflexión. Este lugar es una pequeña y oscura habitación, pintada al completo de negro. En ella se encuentran diversas citas filosóficas sobre las que el profano deberá reflexionar mientras cumplimenta su Testamento Filosófico. La utilidad de esta habitación no es otra que la de mostrar el camino de evolución que el aspirante a aprendiz masón debe seguir, sirviendo las enseñanzas masónicas como un camino de evolución espiritual. De todas las frases ubicadas en los muros del gabinete destaca una en especial, a la que generalmente se le da más importancia resaltandola o colocándola en un lugar más privilegiado. Se suele mostrar abreviada de este modo: V.I.T.R.I.O.L. Se trata de un acróstico a partir de la frase latina Visita interiora Terrae, rectificando invenies occultum lapidem. (Visita el interior de la Tierra, rectificando encontrarás la piedra secreta) Esta cita tiene un profundo significado. Siempre se ha afirmado que su origen es alquímico, pues aparece citada en diferentes trabajos, pero el significado más interesante, el que destacan los masones y las personas que lo usan como divisa es muy complejo. 
Para ellos, esta frase nos está mostrando un camino a la perfección, a partir del conocimiento de uno mismo. Visitando el interior de la Tierra, nos estamos refiriendo a conocernos y buscarnos espiritualmente en nosotros mismos. Ese interior terrestre puede ser tomado casi como una visita a los infiernos, a la oscuridad por decirlo de algún modo. Estamos comparando el abismo de conocimiento que se nos presenta mediante la reflexión con un cáos que sólo nos traerá oscuridad, pero nos asegura que si rectificamos, si nos replanteamos el camino que hemos tomado, alcanzaremos la Piedra oculta. Esta piedra no es otra cosa que la perfección. Alcanzar la Perfección, la Sabiduría mediante el conocimiento de nosotros mismos. Para los filósofos alquimistas, el alma pura se transmutaba en la esencia que ellos creaban, purificándola y otorgándole el poder para transformar a un metal impuro en uno perfecto.

 En la Santa Cueva, justo al entrar nos topamos para nuestra sorpresa con una escalera.  Se nos está pidiendo que descendamos hasta las entrañas de la Tierra (de nuestra tierra) para purificarnos. Este viaje comienza aceptando nuestros errores. Al bajar esta escalera, instintivamente nuestra cabeza se agacha, como signo de respeto. Sobre ella, en uno de los arcos que cierran la bajada vemos una inscripción latina: "Todo el que desee alcanzar el reino eterno del Cielo, venga sediento a este lugar, pues aquí está preparado el camino". No es difícil ver la simetría de esta frase con la del Vitriol. Se nos pide la reflexión para alcanzar la igualdad con Dios, y para ello se nos insta a bajar al oratorio subterráneo. 
Este lugar es uno de los más misteriosos e inquietantes a los que nunca hayamos entrado. La oscuridad reina allí abajo. Este velo negro se rompe por una columna luminosa que cae del Cielo, una claraboya deja pasar un rayo de luz que ilumina un Calvario barroco. Jesús tuvo que morir y resucitar para alcanzar el reino de los cielos, esta vez con un cuerpo diferente. No era terrenal y perecedero, sino divino y eterno. Nosotros tendremos que hacer lo mismo para alcanzar la sabiduría. Habremos de morir en nuestro viejo cuerpo para renacer en un nuevo ser, dotado de una iluminación. Es por ello que sobre Cristo, el letrero INRI, no significa Jesús Nazareno rey de los Judios, sino Igne Natura Renovatur Integra. Toda la Naturaleza se renovará por el Fuego. Vemos una renovación presente en esta frase de caracter hermético. Esta es otra de las enseñanzas de la Santa Cueva.
Una vez hayamos reflexionado sobre nosotros, y seamos dignos de alcanzar, o al menos rozar la perfección, saldremos del Oratorio subterráneo y ascenderemos por unas escaleras bastante ocultas a las que se accede mediante una portezuela que conduce a una pequeña sala. Esta sala, que a pesar de ser pequeña está decorada con una escultura, nos permitirá tomar una escalera ascendente, realizada en mármol blanco e inmaculado, signo de pureza, que en nada se parece al acceso que hay que recorrer para subirla. Esta zona de la Santa Cueva nos puede recordar al famoso poema de San Juan de la Cruz,  Noche oscura del Alma. "A escuras y segura por la secreta escala, disfrazada, ¡oh dichosa ventura!, a escuras y en celada" en este fragmento encontramos la secreta escalera, disfrazada y oculta por una puerta.
Cuando subimos por la escalera, al alzar la cabeza, veremos un gran corazón de Jesús, una interesante talla en madera que no hace más que reafirmar nuestras teorías. La persona que se transmutó en el interior del Oratorio subterráneo ve como ahora domina el sentimiento que Jesús enseñó: El Amor incondicional. Para algunas filosofías orientales, este amor se representa con el Cuarto Chakra, situado en el Corazón, cuyo significado es el de amarse los unos a los otros, tal y como Cristo hizo. "Sin otra luz y guía sino la que en el corazón ardía" 
Pasando la escalera de mármol y el Sagrado Corazón, entraremos en un vestíbulo, donde encontraremos de frente el sepulcro del Padre Santa María, fundador de la Santa Cueva. Su lápida tiene forma piramidal, por lo tanto nos presenta la idea de la Ascensión del Alma para reunirse con Dios. Si giramos a la derecha, estaremos frente a la puerta de la Capilla Sacramental. Este lugar es completamente distinto. Aquí predomina la luz, pues estamos en presencia de Dios. En un baldaquino de piedras vemos un sagrario que guarda las hostias consagradas. Sobre nosotros, una cúpula deja entrar los rayos de sol a través de unas vidrieras incoloras. Sin duda, estamos en el lugar de la Sabiduría, donde seremos dignos de acceder a la perfección, a la Luz. Nos iluminaremos.

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